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Parques infantiles: seis consejos para prevenir accidentes

Parques infantiles: seis consejos para prevenir accidentes.

 

 

1. La ubicación del parque

No basta con que el parque quede cerca de casa o del colegio. Lo importante, más allá de la practicidad, es que esté situado en un lugar adecuado y seguro. Esto es: alejado de la calle y vallado de algún modo (con muros, rejas o setos) para evitar que, en un descuido, los niños puedan correr hacia la calzada. Lo adecuado es que esté en una zona con buena visibilidad, es decir, un lugar donde los padres vean a sus hijos jugar y, al mismo tiempo, controlen los movimientos del entorno.

2. El suelo para jugar

Las superficies de asfalto, grava u hormigón eran frecuentes en los parques infantiles de antaño. Hoy son inaceptables. Se las considera peligrosas e inseguras. Su dureza no absorbe el impacto de una caída y su textura áspera aumenta el riesgo de cortes y raspaduras. Los recubrimientos de caucho o materiales sintéticos son idóneos porque hacen frente a ambos problemas. La tierra y el césped son mejores que el cemento, sin duda, pero pueden degradarse con el uso y con el clima. Si el parque tiene este tipo de suelo, conviene inspeccionarlo antes de lanzarse a jugar con los niños (sobre todo, si ha llovido). En cualquiera de los casos, hay que cerciorarse de que no haya agua estancada, objetos cortantes (como cristales o latas) o elementos extraños con los que el pequeño se pueda tropezar o hacer daño.

 

3. Niños distintos, zonas distintas

Un niño de dos años no juega igual que uno de diez; no tiene la misma fuerza, ni el mismo tamaño. Este hecho, que parece tan evidente, no está contemplado en todos los parques infantiles, que a menudo carecen de áreas de juego diferenciadas para niños de unas edades y otras o no especifican para qué edad están pensadas sus instalaciones. En este aspecto, un parque seguro cuenta con información clara y, si admite a niños de 2 a 12 años, tiene zonas diferentes (y delimitadas) para evitar que haya problemas. Un niño mayor puede hacer daño a uno pequeño, sin querer, si corren o saltan en el mismo lugar; aunque lo más peligroso es que los niños pequeños utilicen los juegos diseñados para los más grandes. Si los tamaños y las proporciones no son los adecuados, puede haber accidentes. ¿Los más frecuentes? Los pequeños se deslizan por una abertura y caen desde lo alto, mientras que los no tan pequeños pueden quedar atrapados en una estructura que no está pensada para ellos.

 

4. Señales para los padres

En relación con lo anterior, las señales son importantísimas. Los adultos deben saber si el parque es adecuado para sus hijos, si hay juegos estropeados o si hay zonas peligrosas o en reparación. También deben tener la certeza de que no se permite la entrada de animales, ya que representan un peligro potencial para los niños, y tener a la vista los números de emergencia por si ocurriese algo. Por ello, siempre es mejor acudir a un parque con carteles informativos.

 

5. La higiene del área de juego

Un parque limpio y bien mantenido evita infecciones, enfermedades y problemas. ¿Cómo es el nivel de higiene del parque al que acudimos? ¿Lo visitan los jardineros y funcionarios de limpieza con asiduidad? Estas cuestiones son fundamentales para impedir que los niños estén expuestos a bacterias o virus. Hay que observar la limpieza de las papeleras, del suelo y de los juegos, el estado de las plantas, arbustos y árboles (si el parque los tiene) y el correcto funcionamiento de la iluminación.

 

6. El parque y su mantenimiento

Un informe supervisado por Kate M. Cronan y John Howard, médicos de la Fundación Nemours, señala que la inspección del buen estado de los parques es fundamental. Los juegos no deben estar rotos: si son de madera, es preciso vigilar que no tengan astillas ni puntas; si son de metal, hay que cerciorarse de que no tienen bordes afilados o con óxido. Además, las atracciones deben estar hechas de materiales resistentes. Y si hay alguna con averías, tiene que haber indicaciones. Por estas razones, una buena medida preventiva es acudir al parque solos, sin los niños, para cerciorarse de que todo está bien. Si es así, podremos volver con ellos. Si no, será necesario buscar otro lugar de esparcimiento infantil.

 

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